| En recuerdo de Carlos Marqués |
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Su marcha ha dejado una honda huella en las personas que le trataron, destacando su gran humanidad y su preocupación por cada uno de los trabajadores a su cargo, de sus familias y de todas sus necesidades materiales y espirituales. Hombre de fe y de profunda formación cristiana, estuvo siempre atento a ayudar a quienes estaban con él a encontrar a Dios en su vida personal y profesional. Carlos ha sido un ejemplo de espíritu de servicio, y estamos seguros de que Dios se lo habrá sabido recompensar con la Vida eterna. Con este motivo publicamos una semblanza sobre su vida, realizada por Cosme Arrabal. SEMBLANZA DE CARLOS MARQUÉS MARTÍNEZ Conocí a Carlos en la primavera del 1970, él se encontraba en las EFA de Córdoba y Sevilla como monitor y a mi me invitaron a conocer las EFA por si me interesaba incorporarme a las mismas. Carlos llevaba en las EFA un par de cursos, con lo cual consideraron ya suficiente para encargarle abrir dos EFA en Zaragoza: “El Salto” en Zuera y “Montarrón” en Epila. El 21 de Julio de 1970, me encuentro con Carlos en Zaragoza para poner en marcha los mencionados centros. Animados por el grupo promotor (que por cierto nos prestaron una furgoneta Citroen que tenía Luis Carbonell para regar y que disponía de todos los utensilios necesarios para un buen regador: la azada, las botas de gomas, etc.), nos dispusimos a comenzar nuestra labor marchándonos a Zuera e instalándonos en la pensión del pueblo, puesto que el edificio donde iba a comenzar la EFA estaba en obras y era inhabitable, pero en cuanto fue posible nos fuimos a residir a las instalaciones de la EFA “El Salto”. La EFA de Zuera se instaló en los locales de la finca “El Salto”, propiedad de la Caja de Ahorros. Era una antigua harinera cuyos locales se adaptaron para las necesidades de la EFA: aulas y residencia para 30 alumnos y 4 ó 5 monitores.
Fue un verano duro en trabajos y en empeño para conseguir los alumnos que necesitábamos para cada uno de los centros. Los viajes, las reuniones, las visitas a las familias de posibles alumnos… el trabajo era intenso, con muchas dificultades, pero ilusionante, y todo ello animado por Carlos Marqués que hacía cabeza en el equipo de monitores y que en muchas ocasiones empujaba no sólo a los monitores que le seguíamos, sino también al grupo promotor, que a veces se encontraba con dificultades financieras. Pero el empeño de Carlos por sacar a las EFA adelante nos hacía a todos tirar del carro con gran ilusión. Carlos tenía claro que el medio rural era merecedor de que evolucionara al ritmo de los tiempos, pues en España se estaba produciendo un gran desarrollo en los ambientes urbanos, pero en el rural continuaba muy por detrás de la sociedad en general. Este hecho nos ilusionaba a todos los que convivíamos con él, pero Carlos lo manifestaba de una forma vehemente y con un empeño inusitado que convencía a todos, incluso a los propios agricultores que en ocasiones se encontraban bastante desilusionados con su trabajo y menos con que el hijo siguiese en la agricultura. Para mí, lo impresionante de Carlos, a pesar de ser el más joven de todos, era su capacidad de ilusionarse y de ilusionar a los demás en la tarea que teníamos por delante, que no era otra que la de promocionar el medio rural. En aquella época la situación del campo era paupérrima. Nuestra ilusión era ver transformados a esos jóvenes que deseaban quedarse en el campo, para que fuesen agricultores responsables y emprendedores que hiciesen posible sacar al campo de aquella situación de abandono. Todo ello desde una dimensión profundamente humana que le hacia vibrar en su trabajo profesional y en la forma de tratar a la gente. Al final de aquel verano, conseguimos 18 alumnos para cada EFA, que era un número muy aceptable teniendo en cuenta que comenzamos en julio la captación de alumnos y que el curso había que comenzarlo en septiembre. A principios de octubre comenzamos los dos centros simultáneamente con el mismo equipo de monitores. Debido a la metodología de la alternancia, los alumnos estaban en el centro una semana y dos en casa desarrollando su actividad profesional, por lo tanto una semana estábamos en Zuera, a la semana siguiente en Epila y en la tercera semana visitábamos a los alumnos y a sus familias en su lugar de trabajo. Esa semana de visitas familias era dura porque había días que hacíamos 300 Km. para ver a 5 ó 6 familias, pero resultaba muy gratificante, ya que las familias se volcaban con nosotros y veíamos los frutos de la labor realizada “in situ”. Ni una sola alternancia dejábamos de visitar a las familias. Además de ser un estimulo para los hijos en su proceso de formación, se conseguía una profunda amistad con las familias, que Carlos supo mantener -con muchas de ellas- toda la vida, a través de llamadas telefónicas, visitas, felicitaciones de Navidad, que mantenía viva la amistad, y es que sabía ser amigo de sus amigos. Su vida de entrega a los demás le llevaba a no descansar ni en los fines de semana, pues muchos de esos días organizaba viajes con alumnos o sus familias realizando excursiones y visitas a lugares que muchas de esas familias no habían visto jamás y tampoco disponían de medios para hacerlo.
La convivencia era intensa y enriquecedora para los alumnos y también para nosotros, pero agotadora; el sábado, una vez que los alumnos se marchaban después de comer al mediodía, comenzábamos la reunión del equipo de monitores, que nos servía de tertulia y descanso, pero al mismo tiempo de trabajo intenso, puesto que se hacía un análisis de la semana y se programaba lo que había que hacer en la siguiente y lo que había que tratar en las visitas a las familias, de forma individualizada. Carlos procuraba estar en todas las actividades de tiempo libre, además de sus clases, dando ejemplo y corrigiendo. En las tertulias gozaba con los alumnos, sabía sacar a cada uno la anécdota del día o aquello que fuese interesante para el alumno en concreto a quien se dirigía. Unas eran divertidas, otras muy profesionales e ilusionartes, pero en todas ellas era capaz de darle el tono positivo, educativo y de orientación para los alumnos. Esta cualidad suya era de admirar, pues a pesar de su juventud -quizás por eso- llegaban mas alumnos; era de una madurez y de un planteamiento pedagógico que ya quisieran dominar muchos profesionales de la enseñanza. Todo ello se explica por su entrega, ilusión y convicción profunda por el valor de lo que estaba haciendo. El ejemplo y la entrega de Carlos eran de tal calibre que nos estimulaban a los demás a seguir sus pasos y a aprender muchos detalles prácticos de cómo tratar a los alumnos y a las familias. Jamás pensó en castigar a un alumno, sino que creía que las personas pueden cambiar razonando y dedicándole el tiempo necesario. Por eso dedicaba cantidad de tiempo al trato personal con los alumnos, no le importaba lo que fuese menester hasta que conseguía que el alumno entrase en razón, y por ello los alumnos le respetaban y le apreciaban enormemente, hasta tal punto que el año pasado 2009 me propusieron algunos de la primera promoción tener un encuentro con Carlos, y lo tuvimos en marzo de ese año, al que asistieron toda la promoción. Fue un encuentro muy bonito y de gran alegría y que Carlos, como siempre, supo aprovechar para dar criterios profesionales y humanos a sus antiguos alumnos que marcharon satisfechos de haber podido gozar de la presencia de Carlos unas horas. Carlos se marchó de la EFA en el otoño de 1973, por razones personales, pero nunca abandonó la actividad de la vida de las EFA. Después estuvo como coordinador de las EFA de Aragón y CIFA (Madrid), la Institución que promovió las EFA en España y a la que pertenecíamos todas. Mas tarde marchó como monitor al Centro de Promoción Rural “Torrealba”, que es un Centro de las EFA donde se impartía por aquel entonces Formación Profesional de 2º grado. Estuvo unos 5 ó 6 años y también dejo un buen recuerdo entre los alumnos de aquellas promociones. Nuestros alumnos de las EFA -el que quería- pasaba a Córdoba a hacer el 2º grado y de entre ellos muchos eran de las EFA de Aragón. Estos alumnos procedentes de Aragón se han estado reuniendo últimamente con Carlos casi todos los años, detalle que manifiesta que siempre imprimió un sello de amistad con todos los que trató. Las EFA de Aragón siempre hemos gozado del apoyo de Carlos Marqués para todo aquello que hemos necesitado de sus muchas posibilidades: charlas, debates, visitas de estudio, etc. Su disposición ha sido siempre total para las EFA, sus opiniones y consejos los hemos tenido siempre muy en cuenta. En reuniones con antiguos alumnos ha sido siempre un entusiasta y ha aportado sus conocimientos y profesionalidad en los temas agrícolas, sobre todo en materia de política agraria, de la que tenía una gran formación y que hacía mucho bien al que le escuchaba. Para él estas sesiones eran una ocasión de palpar los ideales a conseguir cuando comenzamos en las EFA, en los que tanto empeño puso siempre, primero en las EFA y después dondequiera que estuvo. De su paso por las EFA podrían contarse muchas anécdotas, de su entusiasmo por la labor emprendida. Recuerdo que una noche salíamos de visitar a un posible alumno de Bardallur. Después de haber estado hablando con la familia durante bastante rato, tratando de convencerles de la importancia que tenía para su hijo la formación que iba a recibir en la EFA, nos montamos en el coche y seguíamos hablando entre los dos del tema. Cuando llevábamos un par de km. hechos nos dimos cuenta de que no se veía bien la carretera y era porque las luces del coche iban apagadas. Tal era el grado de interés y entusiasmo por conseguir un nuevo alumno para la EFA que se olvidaba de todo lo demás. En este proceso de promoción e incorporación de nuevos alumnos no había horario, íbamos a la hora que podíamos encontrar a toda la familia en casa, porque la decisión al final la tomaba toda la familia, en según que casos hasta los abuelos intervenían en la decisión. En este sentido la constancia y la paciencia de Carlos eran insuperables hasta conseguir su objetivo, y si al final no se lograba la incorporación del alumno, al menos le quedaba claro al agricultor que había que hacer algo para seguir siéndolo y lo mejor era que el hijo se preparase bien. A modo de resumen diré que Carlos era un hombre íntegro, con un gran sentido de la amistad, buen cristiano practicante que tenía una conciencia muy clara de ayudar a los demás. En su trato humano estaba siempre presente la verdadera amistad ante todo, para después hablarle a la gente y con el ejemplo de sus virtudes. Su empuje humano y profesional era admirable, se volcaba con pasión en todo lo que hacía. Cosme Arrabal Sánchez |